
Hace unos días estuve de cumpleaños. Tenía tantas cosas en mente y por hacer (principios de diciembre, días malditos para gran parte de la población) que no recordé que lo estaba hasta que vi la fecha cuando por accidente puse con el mouse la flechita sobre la hora en la parte inferior de mi pecé. Por supuesto, mucho menos me acordé de lo mucho que me desagrada.
Mis cumpleaños son, a ver, no sé si catalogarlos como desagradables tan brutantequemente, pero si como algo levemente molesto, como una quemadura con una gota de aceite caliente que saltó de la paila mientras te preparabas los huevos revueltos. Esa sensación que llega al saberse el centro de atención por una jornada entera, la vedette del día, una especie de suave y cálida paranoia inflama egos (que casi siempre es recibida con agrado por la mayoría) resultan en mi caso particular cualquier cosa menos deseable.
No se trata de ser el Grinch del cumpleaños, pero la verdad es que el hecho de que una muy bien (o no tan bien) intencionada persona se acerque a ti a saludarte por algo que es casi accidental no me parece al menos cómoda. Uno recibe el reconocimiento público y felicitaciones, buenos deseos y en algunos casos hasta regalos (cada vez menos, por cierto) de parte de gente que en algunos casos, ya ni quieres ver.
He pensado que al final en el nacer uno cumple simplemente la misión biológica que corresponde en el momento , ni más ni menos, como la primera vez que a uno le toca hacer caca. Sé que suena odioso, como cuando llegas con un siete a la casa y el amargo de tu padre jubilado del ejército te dice “con su deber no más cumple”, pero no por eso deja de tener sentido. Será que mi hipersensibilidad a los ritualismos me hace tener esta osca predisposición para con la gente o si tengo alguna circunvolución del cerebro dañado que hace que mi malentendida “humildad” (nótese comillas) haga efervescencia ante estímulos similares a éstos, pero la cosa es que no me gusta ser el centro de atención por algo que a mi juicio si bien no es poco sustancial, es poco meritorio.
¿Por qué en los cumpleaños uno no es el que saluda a sus progenitores por el esfuerzo que invirtieron en hacer de uno un organismo viviente? (bueno, los que han tenido buena vida, los que vinieron sólo a sufrir los pueden apedrear con todo el derecho del mundo). El sacrificio que implican la fornicación, las molestias del embarazo, la preparación del nido [/momentocursi], las peleas, los llantos, los estreses, el deterioro físico, los dolores pre parto y el calvario que significa el parir son exclusivamente de ellos, uno se limita a ser sacado y palmeteado para poner nuestro switch vital "Mode On” y hacer lo que se supone que tenemos que hacer para existir. Tiene que ser por esto que me extraña tanto la gente que se siente como una estocada el el corazón cuando alguien importante se le ocurre cometer la herejía imperdonable de olvidar su fecha de nacimiento. Los digo porque en más de alguna oportunidad me ha ocurrido (debe ser por la poca trascendencia que tiene en mi vida) ¿Qué creen, que uno lo va a querer o valorar menos por no restregarle en la cara que esa es la fecha en que salió del tracto vaginal de su madre? Además que tener saludar a alguien que uno no conoce lo suficiente pero se tiene la obligación social de la cortesía derechamente no me resulta grato.
No es que no me guste el cumpleaños cuando se celebra en un núcleo más íntimo, no podría renegar de lo ameno que se me hacen esos momentos, pero este asunto de asedio social al que uno es expuesto en esa fecha es un poco insufrible. Magnos eventos o carretes masivos en honor a un natalicio están bien, siempre y cuando sean en torno a alguien que le guste ser rememorado en el aniversario de su nacimiento. Debe ser por eso que me gustan tanto los cumpleaños ajenos.
Bueno, esto no es más que la sensación muy parcializada, con poquísima base y tremendamente sesgada de un hombre que puede que no tenga injerencia alguna en su vida, así que no se enerve si piensa que el cumpleaños es una celebración maravillosa que conmemora que usted cumple un año más de existencia en este mundo y que junta a la familia como Zuko, pero si no puede evitar manifestar su divergencia respecto al tema ponga su parecer en el espacio que este sitio le ofrece. Hasta aquí llego por hoy._
Ante tu desagrado de celebrar tú cumpleaños, o recibir saludos, tienes que disculpar a los que estamos agradecidos que hayas nacido,y que estes en este mundo desde esa fecha.
ResponderSuprimirQuedan todos excusados, no lo hacen de mala fe
ResponderSuprimirIgual estaban ricas las pastas wn, podrías haber nacido más veces.
ResponderSuprimirSi, encuentro que tienes razón. Que los cumpleaños, a medida que pasa el tiempo, se tornan aburridos ya que uno al crecer se da cuenta que no se trata de una fecha en la que el sol se le antoja estar luminoso porque somos buenos niños, sino que es una de las tantas monotonías colectivas que uno debe acatar, porque el ser humano es social pero más de alguna vez queremos mandar a todos a la punta del cerro.
ResponderSuprimirPor eso le veo lo útil a esa fecha: los regalos. Claro, regalos que hayas pedido previamente. No como esos regalos de amigo invisible, que aunque sean pésimos, DEBES decir "gracias que bonito" porque así nos enseñan nuestros padres o porque uno no tiene ganas de protagonizar una confrontación.
Bueno, no me quejo del angelito de luces de colores que me regalaron.
Pudo haber sido peor.
Buena entrada. Un gusto haberla leído.
Ahi te ves!
Tienes toda la razón. Y no estoy diciendo que no te desee lo mejor en tu cumpleaños pero muchas veces uno saluda por costumbre mas que por sentimiento. Cuidate y sigue filosofando ;)
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