
Tengo 16 años y estoy viendo la tele. Pongo el ISat y están dando un documental de una papelera inglesa, en fin, la cosa es que no tenía la estética necesaria para llamar la atención en ese momento. Una oficina gris, personas con aspecto corriente hablando con vocabulario corriente, puede que haya sido por flojera, la verdad es que no sé por qué me quedé pegado viéndola. No supe en ese momento qué veía exactamente, pero una extraña sensación de placentera incomodidad invadió lenta pero poderosamente mi organismo. No me iba a quedar con la interrogante efervesciendo, así que raudo anoté el principal nombre que apareció en los créditos: Ricky Gervais. Ulteriormente apliqué shu googleada, páh, páh, luego de muy pocos resultados (en ese año) encontré de qué se trataba todo esto: The Office.
The Office (2001) es una serie única en su especie, si quieren ver una comedia de gags, chistes rápidos y risas grabadas a cada situación vayan dejando intenciones de verla en el bolsillo. Consiste básicamente en un falso documental de la BBC para la televisión que sigue el día a día de la papelera Wernham Hogg. Este formato funciona de maravilla para la intención de realismo que se pretende y logra de una manera brillante
presentar. La trama se entreteje básicamente en cuatro personajes principales, los cuales gozan de una complejidad que nunca había visto en una comedia antes. Son personajes sombríos, tristes, que con dificultad soportan el día a día sumidos en esa nube de pesadumbre que produce sobrellevar esa indeseable mochila de la inconformidad. Son personajes, alguno tal vez en mayor grado que otro, atormentados permanente y sutilmente por el fracaso, pero que a la vez luchan y naufragan una y otra vez para abandonar su condición. Esta batalla entre el ser y el querer es la que nos hace disfrutar malévola y catárticamente de esta falsa comedia.David Brent, interpretado soberbiamente por Ricky Gervais (quien también es el guionista y creador junto a Stephen Merchant) es el jefe de la oficina. Una persona desagradable, narcisista, a ratos con delirios de grandeza, falta de tino, humidad, sensibilidad, en fin, una de las menos loables representaciones del ser humano que se puedan concebir. La particularidad que ocurre es que además de la repulsión que podría naturalmente provocar una persona con estas características, suscita una sensación de a ratos compasión enternecedora, casi tan potente como el efecto anteriormente referido. De contabilidad está Gareth Keenan (Mackenzie Crook), brazo derecho y perro faldero de David que dentro de su simpleza y distorsionado entendimiento de la lealtad dice amén a todos los casi involuntarios vicios de éste. Tim (Martin Freeman), compañero de trabajo de Gareth, no duda en mostrar sin tapujos toda la disconformidad e irritación que le produce la abulia de su trabajo, por lo que constantemente se mofa de su colega utilizándolo como medio de evasión. Aunque es una de las razones, otra sin dudas más poderosa es para alimentar su insano enamoramiento de Dawn (Lucy Davis), la recepcionista de la oficina. Ella es una artista frustrada cuyas condiciones de vida la han forzado a estar en el poco
grato lugar en el que se encuentra. También responde a los tenues coqueteos de Tim, pero está atrapada en una enfermiza cárcel de horror auto creada en gran medida a causa de su muy poco afable prometido Lee. El flirteo entre Tim y Dawn llega a niveles tan intensos sin resultados concretos que lo transforma en un desesperante remolino tormentoso hecho íntegramente de sinsabores, la marcada angustia de la sensación de la necesidad no saciada que produce el amor amargo, cosa que se logra transmitir casi a cabalidad al espectador.The Office se aleja un poco de los cánones tradicionales afables con la audiencia (lo conocido como mainstream), pero precisamente es ahí donde radica su encanto. Presenta un humor derechamente negro que bordea peligrosamente lo depravado pero es lo suficientemente sólida como para no caer en el exceso ni en lo gratuitamente burdo. La incomodidad es la vedette del show, es como cuando ves a un inválido tropezarse y no puedes evitar reír, una carcajada que se ahoga en medio de la sensación de culpa, en donde no tienes otro lugar que cobijarte que en tu propio desasosiego. Un ejercicio enmarcado en un crudo y casi perfecto realismo que puede resultar incluso cansador pero no eso menos satisfactorio o deleitable.
Una serie de dos temporadas de seis capítulos cada uno y un final perfecto de dos episodios extra de una hora de duración que bastan para formar una obra de arte de la caja idiotizante que, bajo un punto de vista muy personal, veo muy difícil que se pueda superar. Al menos en su lid es imbatible._
Sobre sus adaptaciones
Las comparaciones son odiosas, pero en este caso es inevitable por razones obvias. Mucho más conocida y difundida que su original es su traslación estadounidense producida (sólo producida) por el mismo Gervais y protagonizada por Steve Carell desde marzo del 2005. Si bien esta versión no es para nada mala (de hecho, hasta la temporada tres es muy entretenida) y bastante similar en sus comienzos a la británica, no logra llegar a los resultados excelsos que vimos en ésta. Los delicados toques de ironía y sarcasmo que Gervais manejaba a la perfección son tomados por la oficina de Michael Scott y potenciados hasta un punto que, si bien no es tan excesivo, pero que logra bajar apabullantemente la cuota de precisa verosimilidad con la que cuenta la inglesa. Las situaciones y actuaciones son más absurdas (David Brent y Michael Scott están a años luz de distancia, al igual que el símil de Gareth) y más cercanas gags de sitcom, lo que al mismo tiempo resulta gran un punto a favor para conquistar a la audiencia más novel. El resultante es un show más atractivo, “entrete” y dematices más coloridos, pero a la vez pierde ese sabor sangrante que hace de la otra una
serie de culto.En sus últimas temporadas ya se ha transformado en una serie casi totalmente ajena a su predecesora, lleno de situaciones “convencionalmente jocosas” (el nivel del absurdo más pueril ha subido mucho) que la hacen, recalco el punto, no una serie mala pero si alejada del sentido destemplado y excepcional que caracteriza a la primera.
Debe ser por estas mismas diferencias que estas dos interpretaciones se hacen tanto daño mutuamente. Los que están familiarizados con la inglesa se encuentran con todas estas deficiencias que se alejan de la genialidad a la que los acostumbró Gervais y Merchant, por otro lado los fans de The Office US, adaptados a su alto mainstream, se encuentran con una serie más triste, gris, mucho menos pirotécnica y abordable, lo que los hace extrañar la “calidez”, por decirlo de algún modo de su versión. Además el contar con una notable mayor cantidad de episodios permite una mayor explotación e interiorización de los protagonistas y los personajes secundarios, lo es un gran punto a favor en cuanto al "engatusamiento" con su público.
Recomendación: Claramente ver primero la original, la otra la disfrutará después bajo otro punto de vista.
Hace un tiempo hice un twit que resume mucho de lo aquí expuesto:
RT @claudiocsp:
Repasé el final de the office UK y ahora veo el último capítulo de la versión US. La diferencia; una es un gran drama, la otra una gran comedia
Sería lo todo que tengo que decir al respecto por acá._

O LOCO A MI ME PASA AL REVÉS... LA OFICE UK LA ENCUENTRO MUY FOME. La gringa la encuentro la cagada. Sé que la otra es la original y asdfsadsaf pero pico. Tal vez sean weas subliminales como que las minas son más ricas (le quita realismo si) o que hayan más referencias pop, o que me carga el acento británico.
ResponderSuprimirDebe ser pq comencé viendo la gringa... en fin
Huh 0.0
ResponderSuprimirNo tenia idea q habia una The Office UK, encuentro a la version estadounidense bastante buena, asi q ahora me pongo a ver la UK a-ver como esta
Amigo, se le pasó por alto nombra a "La Ofis" que no lo hizo nada de mal, y la adaptaciòn es mas parecida a la de UK... yo he visto las 3 y me gustan todas jijiji
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