
Después de años de siestas, peleas coalicionarias que le importan sólo a los partidos, salidas y entradas, mote con huesillo, lustradas de zapato en la placita afuera del congreso se logró lo que nuestros representantes buscaban para enmendar una de las tantas sórdidas y mediáticas atrocidades de la siempre decadente realidad nacional; el Femicidio como delito tipo.
La verdad es que femicidio ni siquiera está establecido formalmente como palabra, es un neologismo que se ha hecho parte de nuestro lenguaje en gran parte gracias al desempeño al cual nos tiene acostumbrados nuestro avezado cuarto poder del estado. Suscita principalmente el asesinato de mujeres resultado de un episodio intenso de violencia intrafamiliar, algo que lamentablemente es tan sabido que agregar que es una terrible verdad a la que se enfrentan miles de familias sería agregar un cliché más que superaría mi cuota de uso de ellos.
Al enterarse de la noticia por los medios un sonoro “qué bien” denota el suspiro de Doña Emilda, viuda de un marido alcohólico que de seguro en no pocas oportunidades llegó a hacer gala de su estereotipada "falta de fortuna", "apoyo" y "oportunidades" reventando los capilares que tuviese más a mano de la mujer miserable a la cual le tocó de compañera de vida. Y es lógico, ella es una sobreviviente. La buena nueva no se puede recibir de mejor forma entre gente afectada por este látigo y grupos cuya existencia gira (en un ámbito ideológico como de intereses) en torno al bienestar de este grupo de riesgo. Instantáneamente se crea una atmósfera de que al fin se está haciendo algo por poner freno a esta atrocidad.Yo en realidad no sé si estaría tan contento o al menos conforme respecto a cómo se ha enfocado la resolución de este asunto, y me explico con una lógica muy simple y como ser humano común y silvestre que soy: ¿Será válido para una legislación de un país occidental a estas alturas de siglo XXI considerar una vida humana por sobre otra? Porque finalmente eso es lo que se consigue, poner la vida de una mujer en una especie de discriminatorio pedestal sobre el resto sólo por su condición de género. Y a discriminación no me refiero precisamente a una supuesta suerte de envidia masculina de hombres sintiéndose mermados por la ventajosa posición que pueda tomar su contraparte sexual, sino que por la suerte de discriminación positiva que va inherente a esto. Porque pensándolo un segundo, un ejemplo tan burdo como que si un don José asesinara a su esposa Teresa tendría una pena mucho más alta que si Doña Teresa asesinara a don José sería perfectamente posible. Así de sinsentido, señores.

En este asunto de la discriminación positiva me quiero detener. Las mujeres, género que ha sido menoscabado a lo largo de la historia de la humanidad (incluso hasta la actualidad en no pocas culturas) al fin estas últimas décadas está llegando a tener un lugar dentro de la sociedad concorde a lo que siempre debió haber sido, sin diferencias respecto a los del género del “Big Pí”. Falta un poco, están a un pelo de lograrlo, pero aún falta. Me parece que tomar como triunfo una medida de estas características es desviarse violentamente de un gran objetivo, que es terminar con la insensata e inverosímil realidad actual de la diferenciación de seres humanos sólo por las gónadas que les tocó cargar por la vida. Simplemente potencia la segregación y aleja la justicia social que es por lo que tanto tiempo se ha luchado.
Desviándome sólo un poco del tema, esto me trae a la memoria el año 2006, cuando Michelle Bachelet asumió como primer presidente mujer de Latinoamérica y venía con toda esta mentalidad de abrir las alamedas para la mujer, que ahora tomaba protagonismo y ostentaba el poder, de fondo Malucha Pinto diciendo desafortunadamente que Chile ahora sería no una Patria sino una “Matria”, en fin toda una onda casi reylagártica que la hizo en su afán de llegar a un equiparamiento absoluto cometer uno de los absurdos más grandes que he visto en la formación de un gabinete: Tener la misma cantidad de ministros por sexo, es decir, igual número de hombres y mujeres . Qué importa si habían más hombres aptos para asumir el cargo de ministro (o así mismo, más mujeres capacitadas para el cometido) la cosa debía ser igual para todos, total una señora dueña de casa ve más equidad en una chabacana “genitocracia” por sobre cualquier meritocracia posible. Bueno, es sabido por todos que al final las cosas cayeron por su propio peso y pronto volvió a reinar la cordura.
Volviendo al eje del escrito, y para que no piensen que uno se pone sólo a desparramar mierda con un ventilador, a pesar de las loables (me imagino, sin afán sarcástico) intenciones de los honorables que apoyan esta medida, creo que sería mucho más efectivo que andar haciendo arreglines parches como éste endurecer definitivamente la pusilánime legislación chilena que hay por el delito de homicidio. Su resultado sin dudas sería de mucho mayor espectro y resultaría beneficioso para aristas que incluso no hacen falta detenerse a pensar, una modificación que alcanzaría a todos y no restringiría la real justicia a puntualidades mediáticas como ésta.¿Qué pasa si una mujer asesina a otra? ¿Qué pasa si el hombre es el abusado y asesinado de parte de su esposa? ¿En parejas que no están casadas formalmente se aplicaría la ley con el mismo rigor? ¿Esto correría también en víctimas infantiles? ¿Qué pasa con las parejas homosexuales? En fin, tantas aristas estúpidas y lógicas salidas de una decisión a mi juicio descabellada que por sanidad jurídica nunca debiera implementarse. Porque vamos, ¿de verdad una medida como esta solucionará (bueno, eso ya es pedir una panacea insensata) o al menos mitigará en alguna medida este flagelo? Se hace muy difícil hacerme la imagen mental del criminal en medio de su enfermo éxtasis iracundo e irracional analizando mentalmente que si mata a su mujer tendrá unos años más de presidio que si asesinara a otra persona. No quedan muchas más alternativas que pensar que esto es lo que pasa cuando se legisla hacia algo mucho más efectivo a corto plazo que las necesidades de una sociedad, esto es simpletente lo que pasa cuando se legisla hacia el aplausómetro._
Estuve mucho rato en este blog y lo único que puedo comentar... es imposible ganar en el pinpon
ResponderSuprimir:(
nose que decir
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